El gallo y el águila

Actualizado: jul 16


Mirage F1 del 142 Escuadron (lamina del autor firmada por Ronald Wong)



El caza viró bruscamente a la derecha rozando las colinas a pocos metros del suelo. A su izquierda a menos de una milla, Rodrigo pudo ver a su compañero Gonzalo, en perfecta formación táctica. Estaban ya muy cerca del objetivo. El sudor se deslizaba a través de su máscara de oxígeno y le empapaba el cuidado bigote. De pronto, al volver la vista a la izquierda observó como el caza de Gonzalo se transformaba en una bola de fuego.


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El Coronel Rodrigo de Haro Wallpot despertó bruscamente de su corta cabezada. Una vez más el sueño se había repetido. Levantó la mirada y ya había anochecido. Una suave brisa refrescaba el caldeado jardín del Pabellón de Oficiales en la Base Aérea de Morón. Miró a la piscina, donde su mujer chapoteaba para refrescarse. El jefe de una de las unidades de élite del Ejercito del Aire español se llevó su gin tonic a los labios y lo saboreó largamente. Estaba frío y en su punto. Encima de la mesa estaba la carpeta que había dejado Jesus Acevedo, su gran amigo de la infancia. Rodrigo se puso sus gafas de lectura de montura de carey y echó un nuevo vistazo a la carpeta. En la portada solo figuraba un nombre: Johannes Wallpot

Empezó a leer, y su imaginación se alejó rápidamente desde el borde de la piscina a las llanuras de La Mancha.


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La muralla de Toledo ya se divisaba claramente. Catorce jinetes encabezados por el Rey Alfonso VIII se dirigían a la Puerta de Alcántara, estaban exhaustos. Habían partido de la contrapuerta del castillo de Alarcos poco después del mediodía del día anterior. La huida del rey fue posible gracias a don Diego Lopez de Vizcaya que había izado el pendón real en el castillo de Alarcos y se había hecho fuerte con doscientos caballeros. Los árabes habían picado el anzuelo y se centraron en un asedio sin saber que el rey había escapado horas antes por la contrapuerta.

En el castillo de Malagón pudieron cambiar los caballos. El rey no quiso parar. Luego en Sonseca pararon a comer y a reposar unas cuatro horas durante la noche. La sangre, el sudor y el polvo se mezclaban en el cansado rostro. Johannes Wallpot, caballero teutónico al servicio del rey Alfonso, se secó el sudor de la frente. Había perdido la lanza, el yelmo colgaba de la silla, y el peto estaba desabrochado dejando ver la cota de malla. El caballo de refresco no llevaba protecciones.

Observaba al rey con admiración. En toda la batalla nunca había perdido la compostura. A punto de cumplir cuarenta años, Alfonso VIII era un portento, capaz de cabalgar durante horas, y con un manejo de la espada a caballo impecable.

Johannes llegó a Castilla seis años antes. Enviado por el emperador Federico Barbarroja para ayudar a expulsar a los almohades. Desde entonces había formado parte de la guardia personal del rey Alfonso. Era cinco años mas joven que el rey.

Había recibido formación militar en Coblenza, donde junto a su hermano Heinrich se formó para la caballería pesada.

Su hermano había viajado con Federico Barbarroja en la tercera cruzada. Cuando el emperador murió antes de llegar a tierra santa, Heinrich se convirtió en una de las figuras claves de la Orden de los Caballeros Teutónicos, siendo nombrado gran maestre.

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El coronel se levantó bruscamente. Su mujer había salido del agua y se acercó cortésmente ofreciéndole la toalla. Ella se la ajustó por encima del pecho después de haberse secado. Se acercó a la mesa y dio un sorbo al gin tonic de su marido.

-¿Que lees?- preguntó-

- Nada importante, me lo ha traído Jesús esta tarde- Jesús Acevedo era un amigo de la infancia, catedrático de Historia de España, y experto en la reconquista- Es sobre un caballero de la guardia del rey Alfonso VIII. Cree que era mi antepasado, se llamaba Johannes Wallpot.

-Vaya, veo que sigues buscando tus genes germánicos -le contestó-

-Bueno, creo que todos tenemos algo germano. Nuestro pasado visigodo. Me ha explicado que mi nombre proviene del gótico Hrod-ric y significa guerrero poderoso.

-El guerrero mas poderoso de la base de Morón- dijo ella entre risas.


Su mujer tenía un poco de hambre. No quedaba nadie en la piscina así que se acercó al teléfono del pequeño bar y pidió una ensalada y dos sandwiches, uno vegetal y otro de jamón y huevo, para compartir con su marido. Al oírla, Rodrigo apuró la copa y le dijo, antes de que colgara, que pidiera también dos cervezas.

Su cabeza volvió a la escena del sueño, aquellos días terribles cuando su gran amigo Gonzalo cayó sobre la Mancha.

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Esa navidad, España estaba sufriendo una de las peores crisis de su historia. El Consejo de Defensa Nacional estaba reunido desde la madrugada de nochebuena, habían pasado ya dos noches en el palacio de la Moncloa.

El Almirante encendió un Ducados, tiró la cerilla en el cenicero y prestó toda su atención al embajador de los Estados Unidos, Thomas Enders. Llevaban más de veinticuatro horas encerrados en el búnker del Palacio de la Moncloa.

Todo empezó en la nochebuena. La flota del mar Negro se encontraba de maniobras en aguas internacionales, frente a las costas de Argelia. Llevaban allí más de una semana, moviéndose desde el sur de Ibiza.

La Sexta Flota de los Estados Unidos se encontraba entre Rota y Lisboa en un ejercicio. Los aviones P3 de lucha antisubmarina de la Navy, junto a los españoles del Ala 22 de la Base de Jerez, habían detectado un hervidero de submarinos soviéticos en el estrecho.

El embajador de Estados Unidos explicó que el día 23 de diciembre de 1985, a las seis de la tarde, hora de Moscú, un grupo encabezado por el depuesto Ministro de Exteriores, Andrei Gromyko, se había hecho con el control del Ejercito Rojo y había dado un golpe. Inmediatamente habían puesto en marcha el plan RyaN.

El objetivo era ocupar los lanzadores de misiles Pershing II desplegados en Alemania, en menos de tres días. Política de hechos consumados. Días antes Gromyko había sido depuesto y Gorbachov había anunciado la perestroika en el Politburó.

Gorbachov y Shevardnadze, el nuevo ministro de exteriores, habían escapado a Georgia, y estaban en contacto con el presidente Reagan.

El plan consistía en un avance relámpago sobre Alemania para controlar los lanzadores Pershing II de los Estados Unidos. Evitando así una respuesta nuclear limitada sobre Rusia. Para proteger los flancos, se había diseñado una operación en pinza, con el brazo norte cerrando sobre Escandinavia. Donde un ataque de la flota de Murmansk, y un avance simultáneo de dos ejércitos sobre Finlandia y Suecia, evitarían una reacción desde el norte. El brazo sur avanzaría para cerrar el estrecho de Gibraltar. Para ello se había preparado una invasión de Marruecos y la península Ibérica.

Era una arriesgada maniobra de distracción para crear una amenaza exterior. Eliminando cualquier apoyo a Gorbachov y su perestroika. Si salía bien, demostrarían que se podía neutralizar el plan de Reagan sin desmontar el comunismo.


-Señores -dijo con un perfecto acento castellano- hace quince minutos he hablado con el presidente Reagan en persona. Esta en contacto permanente con Gorbachov. Nuestro objetivo es evitar una escalada nuclear y ayudar a Gorbachov a neutralizar el golpe de estado. Tenemos muchas esperanzas de conseguirlo. El presidente me ha encargado, que transmita al Jefe del Estado español, la necesidad de frenar al ejercito rojo, antes de que pueda atacar bases norteamericanas, ya que eso provocaría una respuesta nuclear automática.


La noche del 24 de diciembre de 1985, los soviéticos habían desembarcado en Santa Pola. La Base Aérea de Manises había sufrido un ataque naval. Los Mirage III habían sido destruidos. El ejercito rojo se había hecho con el control del puerto de Alicante. La base de Albacete había sido tomada por una División de paracaidistas de las fuerzas especiales Spetsnaz. Previamente habían inutilizado el radar de vigilancia en Aitana, cegando el Sistema Español de Defensa Aérea en el Sudoeste. Estados Unidos había detectado el movimiento y los Mirage F1 de Albacete pudieron desplegarse a la Base Aérea de Morón.


- El ejercito rojo en el norte, ha sido frenado por suecos y finlandeses en el río Hedavan -continuo el embajador- y en este momento la acción se concentra en una batalla entre paracaidistas Spetsnaz y fuerzas especiales finlandesas en el puente de Bredaker, controlado por los soviéticos. Los noruegos bloquean a la flota soviética al norte de Trondheim pero no podrán aguantar mucho.

-¿Y el avance sobre Alemania?- preguntó el Jefe del Estado.

- Majestad, en el ejercito rojo del centro tenemos puestas nuestras mayores esperanzas - contestó el embajador Enders- El general Pavel Boyarinov, hermano de Sergei, el héroe de Afganistan, esta al mando de los ejércitos. El general es contrario al golpe.

Gorbachov nos ha informado que el general ha paralizado la operación. Todas sus fuerzas especiales vuelan ahora hacia Moscú. Si todo sale como esta previsto, el golpe estará abortado esta medianoche. La operación en España es vital para evitar que se produzca una escalada nuclear.


El almirante Jefe del Estado Mayor de la Defensa, apagó su cigarrillo y se levantó. Comenzó a explicar la operación “Yunque”. Para frenar el martillo soviético. Dos unidades acorazadas habían sido desplegadas, la Brunete en Ocaña, al sur de Madrid, y la otra al sur de Valdepeñas. La Brigada Paracaidista estaba lista en Getafe. Cuatro C130 Hercules y ocho DHC4 Caribú habían llegado durante la noche. Los lanzarían a retaguardia para recuperar Albacete, o al menos, bloquear un posible movimiento de las tropas paracaidistas soviéticas.

La Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas (EZAPAC) había sido desplegada en varias misiones de reconocimiento. Unas en las inmediaciones de la Base Aérea de Albacete, y otras en varios observatorios cercanos al paso de Despeñaperros.

Los helicópteros Superpuma continuaban realizando labores de cobertura de rescate y reconocimiento con la Escuadrilla de Zapadores.

- La clave de la operación esta en la misión de bombardeo sobre el grueso del ejercito rojo- dijo el almirante. Será una misión de tres oleadas. En cada oleada participaran cuatro Mirage F1, armados cada uno con cuatro bombas MK20, cada bomba dispone de 247 submuniciones de carga hueca para destruir blindados. Irán escoltados por seis F4 Phantom de la Base de Torrejón, y cerrando la oleada irán dos RF5A de la base de Morón, que tomarán fotografías para poder analizar los resultados de cada ataque.

Aunque los Yak38 embarcados en los portaaviones clase Kiev no tienen autonomía para dar protección al ejercito rojo, es posible que cuenten con apoyo aéreo desde las bases de Argelia.

Después de la exposición se produjo un rápido intercambio de preguntas e impresiones. El Consejo de Defensa Nacional aprobó la ejecución del plan. Los aviones estaban ya alertados y armados.

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RF5A del Ala 21 "los gallos de Morón" (foto de Antonio Zamora)


Eran la siete de la mañana en la Base Aérea de Morón. El comandante Ayuso, jefe del 142 Escuadrón de Albacete, apuraba el segundo café, y daba una ultima calada a su Marlboro. Lo pisó en un gesto rápido, y volvió a la sala de briefing. Con casi dos mil horas de vuelo en el Mirage F1, era el piloto mas experimentado del polivalente caza bisónico. Llevaba dos noches sin dormir.

La madrugada de navidad se encontraba celebrando la nochebuena con su familia y algunos compañeros. Pero a las dos de la mañana fueron alertados por el Estado Mayor del Aire. Debían localizar al máximo numero de pilotos y desplegar sin demora en Morón. La mayoría había bebido y cenado copiosamente pero las ordenes eran claras. A las tres y media despegó el ultimo Mirage F1. Bajo los planos llevaban todo el armamento que los armeros fueron capaces de colocar. A las cuatro y media, los paracaidistas rusos controlaban sin resistencia todos los edificios de la Base.

El comandante Ayuso iba a ser el jefe de la primera oleada de ataques sobre el ejercito rojo. Veinticuatro horas después de aterrizar en Morón había comenzado el briefing meteorológico, el tiempo era muy bueno. Después tuvieron una exhaustiva descripción de las fotografías de satélite realizada por un oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

El coronel jefe del Ala 21 de Morón, fue el encargado de describir la ruta a seguir por los aviones, y los tiempos. Contaban con una ventana de tres minutos para realizar el ataque.

A las cinco y media, después de casi dos horas de briefing y preparación de la misión, un helicóptero Superpuma aterrizaba en Morón. Un teniente y otros cuatro miembros de la Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas se unían al briefing. El teniente iba a describir lo que habían visto en su misión de reconocimiento nocturno. El ejercito rojo avanzaba desde Munera a Tomelloso. Seguían la carretera a velocidad máxima. En opinión del teniente iban a rodear Ruidera por el norte para enfilar después directos al paso de Despeñaperros. Una unidad logística les seguía a unos 200 km después de hacer acopio de combustible en la Base de Albacete.

Habían calculado unos ochocientos carros de combate T64, doscientas unidades autopropulsadas, seiscientos transportes blindados de infantería, unidades de artillería antiaérea ZSU 23-4 y misiles SAM6, lo normal era que contaran con un gran numero de misiles de guiado infrarrojo SAM7. Por la velocidad y dirección calculaban que intentarían alcanzar el valle del Guadalquivir antes del anochecer.

El comandante Ayuso y tres capitanes del 142 escuadrón revisaron su equipo y mapas. Salieron del edificio del 212 Escuadrón junto a dos jóvenes tenientes del Ala 21 de Morón, Gonzalo y Rodrigo. En sus cascos se podían leer sus nombres de guerra: OQUENDO y WALLPOT.

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El coronel, desde el borde de la piscina del pabellón de oficiales de Morón, pensativo, desvío su mirada del camarero que se aproximaba con una bandeja de sandwiches y ensalada. Se zambulló en el agua fresca, mantuvo la respiración buceando hasta que contactó con el borde opuesto de la piscina. Se alisó el pelo hacia atrás y secó el bigote con una mano.

Eso mismo había hecho casi treinta años atrás. A las siete y media de la mañana del día 26 de diciembre de 1985, se secó el sudor nervioso de su bigote y se ajustó la mascarilla de oxigeno en la cabina de su RF5A, caza de reconocimiento con el que contaba el Ejercito del Aire Español.

No utilizarían la radio en toda la misión. Los Mirage F1 despegarían de dos en dos con una separación de siete segundos entre parejas. Los RF5A despegarían en formación separándose al despegar.