El gallo y el águila

Actualizado: 16 jul 2021


Mirage F1 del 142 Escuadron (lamina del autor firmada por Ronald Wong)



El caza viró bruscamente a la derecha rozando las colinas a pocos metros del suelo. A su izquierda a menos de una milla, Rodrigo pudo ver a su compañero Gonzalo, en perfecta formación táctica. Estaban ya muy cerca del objetivo. El sudor se deslizaba a través de su máscara de oxígeno y le empapaba el cuidado bigote. De pronto, al volver la vista a la izquierda observó como el caza de Gonzalo se transformaba en una bola de fuego.


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El Coronel Rodrigo de Haro Wallpot despertó bruscamente de su corta cabezada. Una vez más el sueño se había repetido. Levantó la mirada y ya había anochecido. Una suave brisa refrescaba el caldeado jardín del Pabellón de Oficiales en la Base Aérea de Morón. Miró a la piscina, donde su mujer chapoteaba para refrescarse. El jefe de una de las unidades de élite del Ejercito del Aire español se llevó su gin tonic a los labios y lo saboreó largamente. Estaba frío y en su punto. Encima de la mesa estaba la carpeta que había dejado Jesus Acevedo, su gran amigo de la infancia. Rodrigo se puso sus gafas de lectura de montura de carey y echó un nuevo vistazo a la carpeta. En la portada solo figuraba un nombre: Johannes Wallpot

Empezó a leer, y su imaginación se alejó rápidamente desde el borde de la piscina a las llanuras de La Mancha.


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La muralla de Toledo ya se divisaba claramente. Catorce jinetes encabezados por el Rey Alfonso VIII se dirigían a la Puerta de Alcántara, estaban exhaustos. Habían partido de la contrapuerta del castillo de Alarcos poco después del mediodía del día anterior. La huida del rey fue posible gracias a don Diego Lopez de Vizcaya que había izado el pendón real en el castillo de Alarcos y se había hecho fuerte con doscientos caballeros. Los árabes habían picado el anzuelo y se centraron en un asedio sin saber que el rey había escapado horas antes por la contrapuerta.

En el castillo de Malagón pudieron cambiar los caballos. El rey no quiso parar. Luego en Sonseca pararon a comer y a reposar unas cuatro horas durante la noche. La sangre, el sudor y el polvo se mezclaban en el cansado rostro. Johannes Wallpot, caballero teutónico al servicio del rey Alfonso, se secó el sudor de la frente. Había perdido la lanza, el yelmo colgaba de la silla, y el peto estaba desabrochado dejando ver la cota de malla. El caballo de refresco no llevaba protecciones.

Observaba al rey con admiración. En toda la batalla nunca había perdido la compostura. A punto de cumplir cuarenta años, Alfonso VIII era un portento, capaz de cabalgar durante horas, y con un manejo de la espada a caballo impecable.

Johannes llegó a Castilla seis años antes. Enviado por el emperador Federico Barbarroja para ayudar a expulsar a los almohades. Desde entonces había formado parte de la guardia personal del rey Alfonso. Era cinco años mas joven que el rey.

Había recibido formación militar en Coblenza, donde junto a su hermano Heinrich se formó para la caballería pesada.

Su hermano había viajado con Federico Barbarroja en la tercera cruzada. Cuando el emperador murió antes de llegar a tierra santa, Heinrich se convirtió en una de las figuras claves de la Orden de los Caballeros Teutónicos, siendo nombrado gran maestre.

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El coronel se levantó bruscamente. Su mujer había salido del agua y se acercó cortésmente ofreciéndole la toalla. Ella se la ajustó por encima del pecho después de haberse secado. Se acercó a la mesa y dio un sorbo al gin tonic de su marido.

-¿Que lees?- preguntó-

- Nada importante, me lo ha traído Jesús esta tarde- Jesús Acevedo era un amigo de la infancia, catedrático de Historia de España, y experto en la reconquista- Es sobre un caballero de la guardia del rey Alfonso VIII. Cree que era mi antepasado, se llamaba Johannes Wallpot.

-Vaya, veo que sigues buscando tus genes germánicos -le contestó-

-Bueno, creo que todos tenemos algo germano. Nuestro pasado visigodo. Me ha explicado que mi nombre proviene del gótico Hrod-ric y significa guerrero poderoso.

-El guerrero mas poderoso de la base de Morón- dijo ella entre risas.


Su mujer tenía un poco de hambre. No quedaba nadie en la piscina así que se acercó al teléfono del pequeño bar y pidió una ensalada y dos sandwiches, uno vegetal y otro de jamón y huevo, para compartir con su marido. Al oírla, Rodrigo apuró la copa y le dijo, antes de que colgara, que pidiera también dos cervezas.

Su cabeza volvió a la escena del sueño, aquellos días terribles cuando su gran amigo Gonzalo cayó sobre la Mancha.

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Esa navidad, España estaba sufriendo una de las peores crisis de su historia. El Consejo de Defensa Nacional estaba reunido desde la madrugada de nochebuena, habían pasado ya dos noches en el palacio de la Moncloa.

El Almirante encendió un Ducados, tiró la cerilla en el cenicero y prestó toda su atención al embajador de los Estados Unidos, Thomas Enders. Llevaban más de veinticuatro horas encerrados en el búnker del Palacio de la Moncloa.

Todo empezó en la nochebuena. La flota del mar Negro se encontraba de maniobras en aguas internacionales, frente a las costas de Argelia. Llevaban allí más de una semana, moviéndose desde el sur de Ibiza.

La Sexta Flota de los Estados Unidos se encontraba entre Rota y Lisboa en un ejercicio. Los aviones P3 de lucha antisubmarina de la Navy, junto a los españoles del Ala 22 de la Base de Jerez, habían detectado un hervidero de submarinos soviéticos en el estrecho.

El embajador de Estados Unidos explicó que el día 23 de diciembre de 1985, a las seis de la tarde, hora de Moscú, un grupo encabezado por el depuesto Ministro de Exteriores, Andrei Gromyko, se había hecho con el control del Ejercito Rojo y había dado un golpe. Inmediatamente habían puesto en marcha el plan RyaN.

El objetivo era ocupar los lanzadores de misiles Pershing II desplegados en Alemania, en menos de tres días. Política de hechos consumados. Días antes Gromyko había sido depuesto y Gorbachov había anunciado la perestroika en el Politburó.

Gorbachov y Shevardnadze, el nuevo ministro de exteriores, habían escapado a Georgia, y estaban en contacto con el presidente Reagan.

El plan consistía en un avance relámpago sobre Alemania para controlar los lanzadores Pershing II de los Estados Unidos. Evitando así una respuesta nuclear limitada sobre Rusia. Para proteger los flancos, se había diseñado una operación en pinza, con el brazo norte cerrando sobre Escandinavia. Donde un ataque de la flota de Murmansk, y un avance simultáneo de dos ejércitos sobre Finlandia y Suecia, evitarían una reacción desde el norte. El brazo sur avanzaría para cerrar el estrecho de Gibraltar. Para ello se había preparado una invasión de Marruecos y la península Ibérica.

Era una arriesgada maniobra de distracción para crear una amenaza exterior. Eliminando cualquier apoyo a Gorbachov y su perestroika. Si salía bien, demostrarían que se podía neutralizar el plan de Reagan sin desmontar el comunismo.


-Señores -dijo con un perfecto acento castellano- hace quince minutos he hablado con el presidente Reagan en persona. Esta en contacto permanente con Gorbachov. Nuestro objetivo es evitar una escalada nuclear y ayudar a Gorbachov a neutralizar el golpe de estado. Tenemos muchas esperanzas de conseguirlo. El presidente me ha encargado, que transmita al Jefe del Estado español, la necesidad de frenar al ejercito rojo, antes de que pueda atacar bases norteamericanas, ya que eso provocaría una respuesta nuclear automática.


La noche del 24 de diciembre de 1985, los soviéticos habían desembarcado en Santa Pola. La Base Aérea de Manises había sufrido un ataque naval. Los Mirage III habían sido destruidos. El ejercito rojo se había hecho con el control del puerto de Alicante. La base de Albacete había sido tomada por una División de paracaidistas de las fuerzas especiales Spetsnaz. Previamente habían inutilizado el radar de vigilancia en Aitana, cegando el Sistema Español de Defensa Aérea en el Sudoeste. Estados Unidos había detectado el movimiento y los Mirage F1 de Albacete pudieron desplegarse a la Base Aérea de Morón.


- El ejercito rojo en el norte, ha sido frenado por suecos y finlandeses en el río Hedavan -continuo el embajador- y en este momento la acción se concentra en una batalla entre paracaidistas Spetsnaz y fuerzas especiales finlandesas en el puente de Bredaker, controlado por los soviéticos. Los noruegos bloquean a la flota soviética al norte de Trondheim pero no podrán aguantar mucho.

-¿Y el avance sobre Alemania?- preguntó el Jefe del Estado.

- Majestad, en el ejercito rojo del centro tenemos puestas nuestras mayores esperanzas - contestó el embajador Enders- El general Pavel Boyarinov, hermano de Sergei, el héroe de Afganistan, esta al mando de los ejércitos. El general es contrario al golpe.

Gorbachov nos ha informado que el general ha paralizado la operación. Todas sus fuerzas especiales vuelan ahora hacia Moscú. Si todo sale como esta previsto, el golpe estará abortado esta medianoche. La operación en España es vital para evitar que se produzca una escalada nuclear.


El almirante Jefe del Estado Mayor de la Defensa, apagó su cigarrillo y se levantó. Comenzó a explicar la operación “Yunque”. Para frenar el martillo soviético. Dos unidades acorazadas habían sido desplegadas, la Brunete en Ocaña, al sur de Madrid, y la otra al sur de Valdepeñas. La Brigada Paracaidista estaba lista en Getafe. Cuatro C130 Hercules y ocho DHC4 Caribú habían llegado durante la noche. Los lanzarían a retaguardia para recuperar Albacete, o al menos, bloquear un posible movimiento de las tropas paracaidistas soviéticas.

La Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas (EZAPAC) había sido desplegada en varias misiones de reconocimiento. Unas en las inmediaciones de la Base Aérea de Albacete, y otras en varios observatorios cercanos al paso de Despeñaperros.

Los helicópteros Superpuma continuaban realizando labores de cobertura de rescate y reconocimiento con la Escuadrilla de Zapadores.

- La clave de la operación esta en la misión de bombardeo sobre el grueso del ejercito rojo- dijo el almirante. Será una misión de tres oleadas. En cada oleada participaran cuatro Mirage F1, armados cada uno con cuatro bombas MK20, cada bomba dispone de 247 submuniciones de carga hueca para destruir blindados. Irán escoltados por seis F4 Phantom de la Base de Torrejón, y cerrando la oleada irán dos RF5A de la base de Morón, que tomarán fotografías para poder analizar los resultados de cada ataque.

Aunque los Yak38 embarcados en los portaaviones clase Kiev no tienen autonomía para dar protección al ejercito rojo, es posible que cuenten con apoyo aéreo desde las bases de Argelia.

Después de la exposición se produjo un rápido intercambio de preguntas e impresiones. El Consejo de Defensa Nacional aprobó la ejecución del plan. Los aviones estaban ya alertados y armados.

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RF5A del Ala 21 "los gallos de Morón" (foto de Antonio Zamora)


Eran la siete de la mañana en la Base Aérea de Morón. El comandante Ayuso, jefe del 142 Escuadrón de Albacete, apuraba el segundo café, y daba una ultima calada a su Marlboro. Lo pisó en un gesto rápido, y volvió a la sala de briefing. Con casi dos mil horas de vuelo en el Mirage F1, era el piloto mas experimentado del polivalente caza bisónico. Llevaba dos noches sin dormir.

La madrugada de navidad se encontraba celebrando la nochebuena con su familia y algunos compañeros. Pero a las dos de la mañana fueron alertados por el Estado Mayor del Aire. Debían localizar al máximo numero de pilotos y desplegar sin demora en Morón. La mayoría había bebido y cenado copiosamente pero las ordenes eran claras. A las tres y media despegó el ultimo Mirage F1. Bajo los planos llevaban todo el armamento que los armeros fueron capaces de colocar. A las cuatro y media, los paracaidistas rusos controlaban sin resistencia todos los edificios de la Base.

El comandante Ayuso iba a ser el jefe de la primera oleada de ataques sobre el ejercito rojo. Veinticuatro horas después de aterrizar en Morón había comenzado el briefing meteorológico, el tiempo era muy bueno. Después tuvieron una exhaustiva descripción de las fotografías de satélite realizada por un oficial de inteligencia de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos.

El coronel jefe del Ala 21 de Morón, fue el encargado de describir la ruta a seguir por los aviones, y los tiempos. Contaban con una ventana de tres minutos para realizar el ataque.

A las cinco y media, después de casi dos horas de briefing y preparación de la misión, un helicóptero Superpuma aterrizaba en Morón. Un teniente y otros cuatro miembros de la Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas se unían al briefing. El teniente iba a describir lo que habían visto en su misión de reconocimiento nocturno. El ejercito rojo avanzaba desde Munera a Tomelloso. Seguían la carretera a velocidad máxima. En opinión del teniente iban a rodear Ruidera por el norte para enfilar después directos al paso de Despeñaperros. Una unidad logística les seguía a unos 200 km después de hacer acopio de combustible en la Base de Albacete.

Habían calculado unos ochocientos carros de combate T64, doscientas unidades autopropulsadas, seiscientos transportes blindados de infantería, unidades de artillería antiaérea ZSU 23-4 y misiles SAM6, lo normal era que contaran con un gran numero de misiles de guiado infrarrojo SAM7. Por la velocidad y dirección calculaban que intentarían alcanzar el valle del Guadalquivir antes del anochecer.

El comandante Ayuso y tres capitanes del 142 escuadrón revisaron su equipo y mapas. Salieron del edificio del 212 Escuadrón junto a dos jóvenes tenientes del Ala 21 de Morón, Gonzalo y Rodrigo. En sus cascos se podían leer sus nombres de guerra: OQUENDO y WALLPOT.

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El coronel, desde el borde de la piscina del pabellón de oficiales de Morón, pensativo, desvío su mirada del camarero que se aproximaba con una bandeja de sandwiches y ensalada. Se zambulló en el agua fresca, mantuvo la respiración buceando hasta que contactó con el borde opuesto de la piscina. Se alisó el pelo hacia atrás y secó el bigote con una mano.

Eso mismo había hecho casi treinta años atrás. A las siete y media de la mañana del día 26 de diciembre de 1985, se secó el sudor nervioso de su bigote y se ajustó la mascarilla de oxigeno en la cabina de su RF5A, caza de reconocimiento con el que contaba el Ejercito del Aire Español.

No utilizarían la radio en toda la misión. Los Mirage F1 despegarían de dos en dos con una separación de siete segundos entre parejas. Los RF5A despegarían en formación separándose al despegar.

Rodaban en linea hasta la cabecera de la pista 03. Con la cúpula abierta, el Teniente Wallpot sentía la brisa mañanera en sus ojos, aún llevaba la visera subida. Cerró la cúpula, bajó la visera y completó el procedimiento. Los cuatro Mirage despegaron, los dos RF5A entraron en pista. El teniente Oquendo se llevó la mano al casco y asintió bruscamente con la cabeza. En ese instante los dos aviones soltaron frenos y encendieron el postquemador. Avanzaron por la pista y en pocos segundos estaban en el aire.

Los Mirage habían realizado un viraje de noventa grados a la derecha. Ahora formaban un perfecto cuadrado de una milla de lado después de completar un nuevo viraje a la izquierda. Los dos pequeños F5 aparecieron a su izquierda. Evolucionaron para colocarse una milla por detrás a la vista. Los seis aviones aceleraron hasta alcanzar los 420 nudos; en veintiocho minutos estarían sobre el objetivo.

Rodrigo revisó el sistema de cámaras KS121A. El programa automático estaba listo. El test había funcionado y solo tenia que armar, buscar el objetivo y pulsar el disparador.

Volaba al sur de Gonzalo. Desde su posición pudo reconocer Écija al norte y Córdoba un poco después. Volaban a unos 500 pies del suelo. Cruzaron la vía del ferrocarril cerca de Linares y viraron hacia el noreste rumbo a Ossa de Montiel. El entrenamiento y los procedimientos no pudieron ya camuflar el miedo. Por primera vez en su corta vida militar se iba a enfrentar a una situación de combate real.

El comandante Ayuso, a los mandos de su Mirage F1, comprobó como los RF5 se separaban en un suave viraje hacia el sur, iban a completar una órbita para dar tiempo a que los efectos del ataque aparecieran en sus fotos aéreas. Volando desde el norte, a 36000 pies de altitud pudo ver claramente las estelas de seis Phantom, respiró tranquilo.

Metió motor y aceleró hasta la velocidad de ataque, 480 nudos. Rumbo noroeste y menos de dos minutos para el objetivo. El sol a su espalda. Ayuso levantó la guarda de seguridad de las bombas, activó el perturbador BARAX para engañar a los radares antiaéreos y preparó el disparador de bengalas infrarrojas. En la mira de su avión estaba preparada la referencia de disparo. A corta distancia por su derecha pudo divisar Tomelloso, y al sureste una larga columna de vehículos de la que empezaron a salir balas trazadoras. Su alertador de amenazas zumbaba y chisporroteaba, pero las trazadoras se desviaban, el sistema BARAX estaba funcionando.

Se alineó unos diez grados con la carretera, se concentró en la mira y pulsó el botón de disparo. Las cuatro bombas salieron con un retardo de menos de un segundo. Se abrieron frenadas por la cazoleta trasera, y 247 proyectiles antitanque se desplegaron de cada una de las cuatro MK20. En un área de unos trescientos metros de ancho y un kilometro y medio de largo, un infierno de explosiones penetradoras destrozaban todos los vehículos que encontraban a su paso. Cada avión lanzó 988 proyectiles, uno solo de ellos podía ser suficiente para dejar fuera de combate a un carro T64.

El comandante Ayuso viró a la izquierda pegándose al suelo y comenzó a acelerar hasta la velocidad de escape, 540 nudos. Antes de terminar el viraje sintió una fuerte sacudida y una explosión. El motor empezó a vibrar y perder potencia. Miro a la derecha y pudo ver una gran perdida de combustible en su ala. Instintivamente sacó el viraje y comenzó a ganar altura. El motor volvió a detonar y ahora la vibración era insoportable. A su derecha reconoció el pueblo de La Solana, y en el morro un pequeño embalse. No veía vehículos enemigos. Agarró fuertemente las anillas por encima de su casco y activó el asiento eyectable. A los pocos segundos estaba colgando del paracaídas cayendo hacia el sur. Los otros tres Mirage F1 habían completado el lanzamiento y se alejaban hacia Morón. Las ordenes eran claras, lanzar y escapar, si había derribos había que dejarlo en manos de los rescatadores.


Paracaidistas del EZAPAC en acción


El sargento Belmonte, un jerezano de un metro noventa, se encontraba agazapado en lo alto de la colina con otros tres paracaidistas. Tenía la cara pintada de camuflaje y su arma preparada. Con los prismáticos observaba atentamente el paracaídas caer, y a unos seis kilómetros al norte, dos vehículos ligeros del ejercito rojo se acercaban a toda velocidad. Un Superpuma se acercó desde el sur y sin llegar a posarse completamente abrió el portón lateral. Los paracaidistas saltaron como a una piscina, antes de que el portón se cerrara el Superpuma volaba a ras de suelo hacia el paracaídas. El dominio del joven teniente que manejaba el aparato era difícil de hacer compatible con su juventud. Belmonte siempre se sorprendía de la enorme habilidad de los pilotos. Él mismo era capaz de lanzarse de noche a diez mil metros de altura, o infiltrarse buceando desde un submarino a algunas millas de la costa, pero lo que estos pilotos jóvenes hacían con el helicóptero, le parecía casi milagroso.

Tenían cinco minutos para salvar al Comandante Ayuso, si estaba vivo aún. Dentro del helicóptero los tres paracaidistas preparaban su lanzagranadas C90C, su fusil de largo alcance AW308 y revisaban la munición. El sargento Belmonte preparaba el botiquín. A los tres minutos el helicóptero se posó a pocos metros del paracaídas, los tres paracaidistas corrieron en dirección a los vehículos que se acercaban y se pusieron a cubierto apuntando sus armas.

El sargento Belmonte ya arrastraba al comandante Ayuso al helicóptero. Estaba consciente y lo llevaba en volandas. A una señal suya los tres paracaidistas dispararon y corrieron al helicóptero, el ultimo en abandonar su posición fue el tirador del AW308, dando cobertura. Belmonte lanzó un bote de humo para proteger a los suyos. El helicóptero alzó el vuelo y puso rumbo suroeste. En menos de una hora estarían en Morón. Ayuso miraba a Belmonte como si se tratara del Arcángel Miguel, jefe de los ejércitos de Dios. Le dolía la espalda, y estaba molido, pero núnca había estado tan feliz de sentir dolor. El sargento le pinchó una vía y le colgó un bolo calmante. A los cinco minutos el comandante Ayuso estaba dormido.

Mientras tanto, el teniente WALLPOT volaba a máxima velocidad hacia el norte. Ya estaba en el embalse de Sacedón para enfilar el pasillo visual y aterrizar en la Base Aérea de Torrejón. Pero volaba solo. Diez minutos antes, sobrevolaban la columna del ejercito rojo para hacer las fotografías. Servirían de valoración de daños y planificación de la segunda oleada. Su compañero fue alcanzado por un misil SAM7. No hubo tiempo para lanzarse. El avión estalló y cayó como una bola de fuego.

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El coronel salió de la piscina y se acercó a la mesa. Su mujer ya le ofrecía la cerveza y una toalla. El agua chorreaba de su cabeza y su bañador, se deslizaba por su cara y mojaba el bigote. Entre las gotas de agua, disimuladamente, se había escapado una solitaria lagrima inesperada. Su gran amigo Gonzalo Oquendo, cuantas veces habían estudiado juntos en la Academia, cuantos kilómetros habían desfilado juntos, cuantas noches en Murcia intentando ligar en la discoteca “Rosa Rosae”. Murió con veinticuatro años. Toda la vida por delante.

- Toma, prueba este sandwich de huevo, con el queso fundido esta riquísimo - le dijo su mujer-

Se terminó de secar, le dio un trago a la cerveza, y un mordisco al sandwich. Se sentó y volvió a abrir la carpeta en cuya portada leía “Johannes Wallpot”.

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La Guardia Real en la puerta de Alcántara ya había bajado el pontón y formado para rendir honores al rey.

Johannes Wallpot retenía su caballo, que sabedor de que le esperaba agua y comida, y un merecido descanso, no podía contener su ansia. Era un imponente semental negro.

Desde que salieron de Sonseca, esa misma mañana, no dejaba de repetirse las mismas preguntas una y otra vez. Al principio eran superiores a las fuerzas del Califa Almohade ¿De donde había salido el enorme ejército de refresco?. Y sobre todo, las condiciones para las cargas de caballería eran inmejorables. ¿Como habían podido fallar las dos primeras cargas?

Tenia una herida en la mano derecha, no era grave. En la primera carga se le había resbalado la lanza y le desajustó el guante. El borde metálico le había abierto una brecha en la mano. En el hueco entre el pulgar y el indice, ya no sangraba pero aún le dolía.

Recordaba como el día anterior el rey Alfonso observaba desde la colina de Alarcos. Con la infantería alineada y preparada para atacar, y la reserva de caballería a su orden.

Don Diego Lopez de Vizcaya lideraba la caballería pesada castellana, junto a los nobles castellanos y aragoneses, se encontraban las órdenes de caballería. La élite de caballeros de Calatrava, Santiago, Trujillo, el Temple y los portugueses de la orden de San Benito de Evora. El terreno era ideal, una pendiente continua desde la colina de Alarcos hasta el llano donde estaba formada la infantería mora. La caballería ligera beréber se encontraba a la izquierda de la formación almohade, pero no se movían.

La carga iba a ser brutal, bajaban por la ladera marcando una curva a la izquierda, con las lanzas en ristre preparadas para elevarse al impacto. Los moros sudaban copiosamente. El galope de la caballería pesada hacia vibrar sus babuchas. Algunos se meaban sin pudor al sentir la proximidad del impacto.

En ese momento la caballería ligera árabe salió al galope, avanzando contra ellos, mientras disparaban dardos y flechas por el flanco izquierdo. Les obligaron a maniobrar contra ellos, pero cuando iban a entrar en contacto volvían grupas y se alejaban. Don Diego Lopez retomaba la carga, y los beréberes volvían con un griterío ensordecedor.

Johannes recordó lo que le había contado uno de sus caballeros teutones, que había vuelto de la tercera cruzada. Esa era una nueva táctica empleada por Saladino en tierra santa. Lo denominaban “tornafuye”. Consistía básicamente en flanquear a la caballería pesada molestándola, pero sin afrontar un contacto directo, que evitaban huyendo y volviendo a flanquear.


"Tornafuye" (fragmento del comic 1212 de Jesús Cano de la Iglesia)


Ahora estaba claro, las dos primeras cargas habían fallado, porque la caballería beréber les había obligado a maniobrar. Las cargas habían perdido velocidad de impacto. Hasta el punto de que la segunda carga había sido abortada. Después se habían centrado en castigar todo lo posible a la caballería ligera árabe, con muy pobre resultado.

Tras la persecución de la caballería beréber, los cristianos se reagruparon al pie de la colina de Alarcos y formaron en linea para dar la carga definitiva. Los caballos estaban ya cansados y no habían tenido tiempo de recuperarse. Esta vez la caballería beréber apenas molestó a los cristianos. Las órdenes impactaron con brutalidad en el centro de la infantería almohade destrozando la formación y penetrando casi hasta el fondo. Cuando estaban a punto de completar la brecha, la caballería beréber acudió a retaguardia para taponar.

El rey Alfonso observaba atentamente la evolución. Era el momento de atacar con todo. Desde su posición podía ver claramente en una suave colina al oeste de su retaguardia al califa Abu-Yusuf Al-Mansur con su guardia personal y un refresco de caballería beréber.

Alfonso dio orden de avanzar a la infantería. Al mismo tiempo Abu-Yusuf dio una señal a su general. Un gran ejercito apareció por detrás de la pequeña elevación en el llano, rodeando a la caballería pesada de don Diego Lopez sin que este, concentrado en lo más duro de la refriega, se diera cuenta.

Abu-Yusuf había preparado un ejercito en Sevilla y en el norte de Africa cuya misión era sofocar las revueltas en Libia. Después de las campañas del rey Alfonso en Badajoz y Sevilla, decidió dejar el ejercito en Cordoba, y traerse las tropas norteafricanas para enfrentarse al rey castellano. Durante semanas el plan se había mantenido en secreto.

Al ver su caballería pesada rodeada, y a su infantería incapaz de conectar enzarzada con las nuevas fuerzas, el rey Alfonso empezó a comprender la difícil situación. Ordenó la carga de la caballería de refresco. Rodeó la infantería mora impactando en el flanco derecho de las fuerzas almohades con una furia descomunal.

Los capitanes de la caballería pesada, que vieron moverse el pendón real, ya eran conscientes de la situación, y se agruparon para abrirse paso hacia el rey y protegerlo.

Rodeados como estaban, iban a sufrir muchas bajas. Las ordenes de caballería fueron duramente castigadas, los de Calatrava perdieron mas de trescientos caballeros incluido el gran maestre, don Nuño Perez de Quiñones, los de Santiago perdieron a su gran maestre, Gonzalo Rodriguez, y casi doscientos caballeros, la orden de los Truxillenses perdió a sus ciento veinte efectivos, y desapareció para siempre.

Cuando consiguieron contactar más de la mitad de la caballería pesada había caído, el rey mismo corría serio peligro. Don Diego Lopez de Vizcaya se colocó a su lado. Trató de convencerle que la única salida era ordenar la retirada al castillo de Alarcos. El rey se negaba. Sabía que si ordenaba retirada la mayor parte de su infantería sería aniquilada, sin el apoyo de los caballeros. Los almohades eran fanáticos sin escrúpulos, y no darían cuartel.

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Caballeros ultramontanos teutónicos con el águila del Sacro imperio


Johannes Wallpot a las puertas de Toledo comprendió lo que había pasado. La nueva táctica de la caballería arabe les había impedido abrir brecha en la primera carga y les había desgastado. El ejercito de refresco del califa les dio la puntilla.

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El rey Alfonso ordenó la retirada, en su rostro se dibujaba el dolor. Su alférez mayor, capitán de la caballería, don Diego Lopez, urdió el plan con rapidez. Ordenó izar el pendón real en el castillo. Al tiempo que puso a cargo de la huida al capitán de los Teutones, Johannes Wallpot, con seis caballeros de Calatrava y otros seis teutones que habían sobrevivido al combate. Doscientos caballeros del Temple y de las huestes reales de Toledo cayeron en el castillo de Alarcos, sacrificándose para salvar a su rey.

Catorce jinetes cabalgaban hacía Toledo. Johannes Wallpot era el nuevo capitán de la Guardia Real. Tenia sobre sus hombros la enorme responsabilidad de salvar al rey castellano. Sobre el pecho lucía aún el águila del sacro imperio que le había entregado el difunto emperador Federico Barbarroja.

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El coronel Rodrigo de Haro Wallpot sopesó una rápida comparación entre la caballería pesada medieval y los cazas en sus misiones de bombardeo. Se acabó su sandwich y dejo la cerveza en la mesa. Se levantó como un resorte y se puso el polo blanco. El capitán de día estaba en la puerta del pabellón buscando al coronel.

- A la orden de Usía mi coronel- saludó el capitán- ha llegado un teletipo cifrado, es para usted y es urgente.

- Muchas gracias Felipe - dijo el coronel- voy a leerlo, si no le importa espéreme en el pabellón.

El capitán saludó y se dio la vuelta. El coronel se volvió a sentar y abrió el teletipo.


El coronel dejó el teletipo sobre la mesa. Su mujer se había ido a casa a ducharse y cambiarse. La casa del coronel estaba a pocos metros del pabellón de oficiales. Su mente volvió a su antepasado teutónico. Pensó que debería viajar a Toledo, donde su antepasado paso tantos años. También parar en las ruinas del castillo de Alarcos, donde habían construido un museo de la famosa batalla. Su imaginación volvió a su glorioso pasado.

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El Alcazar de Toledo, sede de la corte de Alfonso VIII, lucía imponente a la caída de la tarde. Sus cuatro torres almenadas y sus imponentes murallas. Desde el puente de Alcantara sobre el Tajo se podían distinguir numerosas antorchas.

Diecisiete años antes el rey castellano cruzaba ese mismo puente huyendo tras la derrota de Alarcos. Ahora iban a celebrar la expulsión de los integristas almohades al valle del Guadalquivir. Alfonso VIII había conseguido el apoyo del papa Inocencio III, con una bula de cruzada, y con la excomunión para aquellos monarcas que atacaran al rey castellano. Esa fue la clave. Las lecciones aprendidas en la derrota de Alarcos fueron aplicadas de forma magistral.

En las Navas de Tolosa, Alfonso VIII consiguió una de las mayores victorias para la cristiandad. En la plaza de Zocodover se habían colgado algunas octavillas manuscritas:

“Sale el rey luego del palenque afuera

Y dando buelta al campo ya rendido

Ni ver efquadron en orden, ni hilera

Que los Cristianos ya no hayan vencido”


Johannes Wallpot junto a su esposa, Maria de Ugarte, avanzaba hacia el Alcazar en un carruaje abierto, con sus mejores galas. Se habían casado un año después de su llegada a Toledo, ella solo tenía diecisiete años. Ahora estaba a punto de cumplir los cuarenta, y tenían ya cinco hijos.

Toledo empezaba a refrescarse de la calurosa tarde de agosto de 1212.

A la entrada en el Alcazar los asistentes iban siendo anunciados por un maestro de ceremonias. Se les daba paso al enorme patio, engalanado para la ocasión con los tapices y pendones reales de Castilla. Tres largas mesas se habían colocado alrededor del patio. En la del centro se encontraba el rey Alfonso VIII con la reina, doña Leonor de Plantagenet. En una de las esquinas sonaba un grupo de flautas y percusión. En ese momento sonaba el “Cedit Frigus Hiemale”, polifonía favorita de la reina Leonor.

El rey, que se había levantado, hablaba animadamente con Alfonso II de Portugal. Aconsejándole como abordar la campaña para la conquista de Evora. Una de las plazas más inexpugnables de Portugal. Johannes se acercó decididamente para saludar al rey.

-Señor, sin duda una celebración inmejorable- le felicitó.

-Bienvenido Juan - dijo el rey- y quiero ponerme a los pies de tu bella esposa doña Maria, esta corte se ve honrada por su inigualable belleza señora.

- Me turbáis mi señor -contestó la dama, hija de don Juan de Ugarte, alférez mayor al servicio del rey Sancho VII de Navarra.

- Doy fe de que el rey de Castilla no llega a expresar la mitad de lo que merecéis mi señora - dijo el rey de Portugal.

Y ahí quedo la cosa. Doña Maria se unió a otras damas de la corte que compartían una bandeja de fruta fresca.

Johannes pudo hablar a solas con el rey Alfonso VIII. Partiría en unos días para hacerse cargo de sus señoríos en Bassenheim, cerca de Coblenza. Su hermano Heinrich había muerto en Acre hacia mas de diez años. El emperador le reclamaba.

Antes de partir el rey Alfonso le había encargado una importante misión. Debía capitanear una partida de doscientos caballeros ultramontanos y de la orden de Calatrava, para embarcarse en Tarragona en unas galeras de la flota del rey Pedro II de Aragon. El papa Inocencio le había pedido ayuda para reforzar San Juan de Acre en tierra santa.

Johannes se acercó a la mesa donde estaba el rey de Aragon. Quería saludarle y consultar detalles de la expedición. Tenia pensado llevar un recuerdo para la tumba de su hermano que estaba enterrado en San Juan de Acre.

Tenia hambre, ofreció su copa para que se la llenaran y tomó un trozo de capón relleno. En la mesa había un cerdo asado, muchos capones rellenos, lomo de ciervo marinado, y gran cantidad de fruta. A pesar de sus mas de veinte años en Castilla todavía no se había acostumbrado al recio vino de la tierra. Se le subía a la cabeza. Tomó un trago y pensó en su marcha de la corte de Toledo. Llegó en 1189, con 29 años. Al frente de una hueste de 20 caballeros del Sacro Imperio de Federico Barbarroja. Ahora el águila del Sacro Imperio dejaría de ondear por los campos de batalla ibéricos.

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El coronel dobló el teletipo y se encaminó al pabellón de oficiales. Antes de entrar se paró en el vestidor y se cambió el bañador, poniéndose un pantalón largo y unos náuticos. Mientras se cambiaba, recordó su espera en el búnker de Moncloa, cuando solo era un teniente. Había acompañado a un coronel del Ejercito de Tierra, y al jefe de Fuerzas Aéreas del Ala 12, desde Torrejón en un coche oficial.

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Dentro del búnker, el Almirante, jefe del estado mayor de la defensa, se dirigía al Consejo de Defensa Nacional. Con un puntero en la mano iba señalando puntos en una diapositiva con las fotos del reconocimiento aéreo. Ya habían sido procesadas con las imágenes de los satélites de reconocimiento de los Estados Unidos.

- Las imágenes nos confirman un completo éxito de la primera oleada de la operación “Yunque”. El ejercito rojo ha sido duramente castigado. Lo mas importante es que se ha frenado su avance, y se han dispersado ante la posibilidad de una segunda oleada.- el almirante hizo una pausa, y observó como el presidente felicitaba al Jefe del Estado con un apretón de manos y le ofrecía un cigarro habano- Casi un cuarto de la munición penetradora ha hecho blanco. Aquí podemos observar un grupo de 193 carros de combate T64, 142 blindados de infantería y 40 unidades de artillería autopropulsada que han sido destruidos. La segunda oleada esta en alerta esperando la orden para despegar- concluyó el almirante mientras el jefe de Fuerzas Aéreas se acercaba y le daba un mensaje al oído.



Carros destruidos con munición penetradora



El presidente del gobierno se dirigió entonces a los presentes.

- Majestad, si todos están de acuerdo creo que podemos esperar a la llegada del embajador Enders para tomar la decisión. En mi opinión la segunda oleada se podría suspender de momento- concluyó dándole una calada al puro habano.

-Señor, - contestó el almirante- yo recomiendo que la Brigada Paracaidista sea lanzada al atardecer en las inmediaciones del Parador de Albacete. La mitad de fuerzas especiales rusas han abandonado ya la base. Van en apoyo de la columna logística con las cisternas de combustible. Esta noche podríamos recuperar Albacete sin mucha resistencia.

-Me gustaría intervenir- dijo entonces del Teniente General Jefe de Estado Mayor del Aire- Después de haberlo consultado con el JEMAD, y con la Junta de Jefes, creo que antes de sobrevolar la zona de nuevo, debemos tener en cuenta el enorme riesgo que supone el posible despliegue de varias baterías SAM 6.

El misil SAM 6 no podía utilizarse en marcha como los cañones ZSU 23-4, o el sistema portátil infrarrojo SAM7. Pero como estaba explicando el General, era más que probable que hubieran instalado alguna batería en Albacete, y algunas más en la zona cercana a Despeñaperros para cubrir el paso del ejercito rojo.

-Nuestros equipos en la Junta de Jefes de Estado Mayor -continuó el General, haciendo énfasis en la siglas de la JUJEM para destacar el acuerdo- han preparado una misión para resolver este problema. Creemos que pueden haber desplegado cuatro baterías SAM 6 en total. Deberíamos realizar una misión de Reconocimiento Electrónico, para localizar las baterías. Una vez localizadas serían destruidas mediante operaciones de comando de la Escuadrilla de Zapadores Paracaidistas del Aire, y de la recién creada Bandera de Operaciones Especiales de la Legión, del Tercio Alejandro Farnesio.

El General explicó que para la misión de reconocimiento electrónico contaban con el sistema SYREL del Mirage F1. Uno de ellos se encontraba en Getafe para mantenimiento, y se podía utilizar. La operación consistiría en una nueva misión de reconocimiento fotográfico sobre el ejercito rojo y la Base Aérea de Albacete, realizada por dos RF4 Phantom de Torrejón, que irían escoltados por dos Mirage F1 al objeto de darles protección de contramedidas electrónicas con su sistema BARAX. Al mismo tiempo, un Mirage F1 dotado del sistema SYREL, estaría enviando datos de los radares del SAM 6, que sin duda se activarían. Una vez localizadas las coordenadas, dos aviones Aviocar de la base de Alcantarilla en Murcia, y cuatro helicópteros Superpuma desplegarían a los comandos para destruir o, al menos, inutilizar las baterías de SAM 6.

Se aclararon las dudas, el Consejo de Defensa aprobó la operación. Se desarrollaría diez minutos antes del ocaso. La reunión se dio por concluida hasta la llegada del embajador, el almirante salió del búnker.

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Rodrigo le esperaba fuera, de pie, muy nervioso.

- A la orden de vuecencia Almirante- se cuadró

-¿Que pasa Rodrigo?¿Que haces aquí? Deberías estar en Morón- El almirante le conocía desde hacia años, él y su hijo Gonzalo eran íntimos amigos, había asistido a su entrega de despachos en la Academia General del Aire, y Rodrigo había pasado muchos veranos en la casa de la familia en Fuenterrabia con su hijo y otros amigos.-

- Es Gonzalo. -dijo con un nudo en la garganta- Ha caído esta mañana. Lo derribaron sobre la Mancha.

El Almirante Oquendo sintió un leve mareo. Un súbito calor le subió por el pecho hasta el rostro. Se apoyó en el hombro de Rodrigo y se desplomó sobre un pequeño sillón que había en la antesala del búnker. Estaba desolado, recordaba a su hijo pequeño. Su hijo mayor había ingresado en la marina pero el pequeño había preferido el aire. Era la alegría de la casa. ¿Como se lo iba a decir a su madre?

- Señor, creo que fue un SAM 6. Fue muy rápido, estoy seguro que ni se dio cuenta - acertó a decir tragando saliva, intentando aliviar el dolor del almirante. Aunque nadie podría aliviar el suyo. Recordaba las risas el día antes en el escuadrón. Gonzalo siempre bromeaba, en Sevilla era todo un personaje, muy popular entre las jóvenes universitarias de Reina Mercedes, donde iban los jueves a tomar tapas y cervezas.

- Gracias Rodrigo- dijo el almirante levantándose de la silla y recomponiéndose- tengo que volver ahí dentro. Hay decisiones que tomar todavía. Sé lo que esto ha sido para ti, mucho animo hijo- mientras le agarraba cariñosamente el lateral del cuello, le dio un fuerte abrazo, le retuvo un momento y volvió a entrar al búnker.

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El embajador Enders acababa de llegar. Tenía buenas noticias. El golpe se había neutralizado. Las fuerzas de Boyarinov se habían hecho con el control de Moscú. Boyarinov había ordenado el alto el fuego inmediato a los ejércitos en el norte y en el Mediterráneo. Gorbachov había convocado una reunión de urgencia del politburó y volaba con Shevardnadze hacía Moscú.

- Señores, la pesadilla ha terminado, mi más sincera felicitación a todos por el excelente trabajo - dijo el Jefe del Estado poniéndose de pie y abrazando al almirante Oquendo. Su secretario, le había llamado para informarle de la caída de Gonzalo Oquendo en combate- Quiero transmitir mi mas hondo sentir y mi apoyo a todos los familiares de los caídos en estas operaciones, y muy especialmente al Almirante Oquendo, cuyo joven hijo Gonzalo ha caído heroicamente esta mañana en la batalla de la Mancha. Un ejemplo de patriotismo para todos nosotros.

El almirante Oquendo agradeció al rey sus cariñosas palabras, y fue recibiendo las condolencias de cada uno de los miembros del Consejo de Defensa Nacional.

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El coronel Rodrigo de Haro Wallpot, inmerso en sus pensamientos, entró en el pabellón de oficiales de la Base Aérea de Morón. Encontró al capitán de día en una mesa con el ordenador portátil abierto. Al ver acercarse al coronel, el capitán se puso en pie.

- Felipe, quiero redactar un mensaje para enviar a nuestro destacamento en la Base Aérea de Ämari en Estonia. ¿Puedes copiar?

- Si, mi coronel, lo enviare por la intranet al Cuartel General del CAOC en Finderup- dijo el capitán de día.

El coronel dictó el teletipo: “ El Jefe de Estado Mayor del Ejercito del Aire, por recomendación del General Jefe del CAOC de Finderup (Dinamarca), en el marco de las operaciones BALTOPS, tiene el grato honor de felicitar al Cap. Martin y al Tte. Carvajal del 113 escuadrón, por la rápida resolución del conflicto con dos aviones de la Fuerza Aérea Rusa. Felicitación a la que uno la mía propia. Firmado, el coronel jefe del Ala 11”.

En la mañana del día anterior una formación de cuatro Sukhoi 27 Flanker basados en Kaliningrad despegó para dirigirse al norte como de costumbre. Después de unos minutos evolucionando en aguas internacionales frente a la costa sueca se empezaron a acercar a las Repúblicas Bálticas. El Centro de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC) de Finderup decidió activar una pareja de Eurofighter del Ala 11 que estaban de alerta en la Base Aérea de Ämari en Estonia. Los Sukhoi 27 penetraron el espacio aéreo de Letonia. Cuando estaban sobre Riga, el Capitán Martín que mandaba la formación de Morón les interceptó dándoles la señal de aviso. Dos de ellos se quedaron fuera de la zona de protección pero los otros dos ignoraron el aviso y continuaron hacia el este. Los cazas españoles les alcanzaron y les comenzaron a escoltar. Los rusos maniobraron para colocarse en la cola de los Eurofighter, y durante casi un minuto se produjo una tensa situación en combate cerrado. Finalmente el capitán Martin consiguió establecerse a una distancia de una milla y media con el teniente Carvajal a su cola, y así les escoltaron hacia el espacio aéreo ruso en la frontera hacia Pskov.


Eurofighter español escoltando un Sukhoi ruso fuera del espacio aéreo OTAN


El coronel se despidió del capitán de día y se fue directo a su casa. Llevaba una sonrisa de satisfacción. Casi habían pasado treinta años, y el gallo de Morón, emblema tantos años asociado a la base, había vuelto a enseñar a los rusos como eran nuestros aviadores.

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Cuando su antepasado, el capitán de la caballería pesada, Johannes Wallpot se fue de la corte de Alfonso VIII en 1212, con él se fue el águila del Sacro Imperio. Pasarían casi tres siglos para que el águila, esta vez la de San Juan, ondeara en un campamento español durante la reconquista. Sería en el pendón de los Reyes Católicos en Santa Fe.


El gallo y el águila.



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